El pez cochino o ballesta, un glotón insaciable.

El cochino, tambor o ballesta, es un pez de carácter confiado y curioso ante cualquier elemento extraño. Tanto qué, para muchos de nosotros, carece de interés deportivo por considerado como exento del mínimo sentido del peligro.  Su carácter, extremadamente gregario permite que forme grupos, más o menos numerosos, capaces de entrar a cualquier tipo de cebo que le ofrezcamos o, incluso, a cualquier objeto que reclame su atención.

Descripción:
Nuestros Balistes carolinensis tienen rasgos morfológicos realmente curiosos. Su cuerpo, redondo y robusto, es comprimido y alto con los ojos muy cercanos al dorso y pequeños, presentando una pequeñísima abertura en la cabeza que apenas deja entrever las agallas. Extremo este, que le hace muy difícil desanzuelarlos cuando llegan bien embuchados.

En su cuerpo, recubierto por fuertes escamas muy unidas, destaca su aleta dorsal -con un primer radio muy duro y pronunciado- y su  caudal, rematada por un par de delicados salientes. Su boca es pequeña y dura, con unos labios muy carnosos que esconden una potente dentadura que le permite alimentarse de los nutrientes adheridos a las piedras. Siendo capaz de destrozar, fácilmente, caparazones de cangrejos, erizos o, incluso, trozos de coral.  Pez ballesta, Balistes carolinensis.

Como curiosidad,
sus las aletas tan cercanas a la cola, les proporciona un modo de nadar muy peculiar donde, más que nadar, parecen remar en el agua. Así mismo, destaca el que sea de los pocos peces que construyen nidos en el fondo para depositar sus huevos y que defienden a la pareja escogida fieramente.

Pero, uno de los rasgos más sorprendentes de este
sorprendente pez, es su peculiar mecanismo de defensa. El ballesta tiene tres espinas en la primera aleta dorsal y, cuando se ven en peligro, erizan la primera de estas espinas, dura y fuerte, quedando la base de ésta encajada en un mecanismo de la segunda espina, lo que hace que no se pueda bajar.
Pez cochino. Balistes carolinensis.

Sin embargo, si echamos para atrás la tercera de las espinas, conseguiremos que la primera vuelva a su posición normal. Su por qué estriba en qu
é, la segunda y tercera espina, se comunican por una banda tendinosa y, al retraerse, hacen que se relaje el mecanismo de defensa que mantiene erecta la primera espina.