• Robalos, … lobas del mar de inverno

     

    Robalos. Dicentrachus Labrax

     

    Desde el comienzo de los tiempos, temporada tras temporada, sucede el fugaz y esperado encuentro.

    Las lobas marinas, tan magistralmente bautizadas por los viejos naturalistas de la antigua Roma, retornan a nuestras aguas alentadas por el eco inmemorial de la llamada del celo.

    Lejos de la habitual soledad del predador, pequeños cardúmenes de machos, se agrupan para cortejar a las grandes hembras en estas fechas. El frío del invierno está presente desde hace meses y, la soledad de sus noches, congela nuestros pies haciendo temblar hasta la misma alma. Sólo algunos aficionados serán capaces de dejar lógica y razón al calor de sus hogares para volver, una jornada más, al reencuentro con la gran escama.

    El robalo atlántico, la gran presa del invierno, el incansable predador, ha vuelto. Las lobas marinas, escapadas desde la misma esencia del mar, surcan, un año más, ... las olas del frío. 

     

    90 centímetros de cazador dan juego, … mucho juego. Tanto qué, ante la eterna pregunta, ¿cuál es la captura más deportiva?, sus incondicionales reaccionan en milésimas.

    El gran robalo atlántico, la poderosa robaliza gallega, la hermosa lubina mediterránea y el, cada vez más escaso, llobarro del levante simplifican, en su frío mundo de rompientes y espuma, el más sacrificado ejemplo del Surfcasting invernal en nuestras costas.


    Estas letras no hablarán de vosotros pequeños robalitos pintos que, prendidos en anzuelos que nunca supieron respetar a sus presas, servís de pasto a quienes ensucian el nombre del noble arte de la pesca.

    Es momento, ahora, de la afición en mayúsculas. De la devoción por una modalidad que no entiende de comodidad ni razones. Cerrémonos el anorak y calémonos el gorro, las grandes lobas del invierno, …  nos esperan tras la batiente.

    Dos caras de una moneda al aire. 

    Dos especies marcan, por igual, a todo pescador que se precie de serlo en nuestras costas. La dorada, estival, brillante y diurna y como no, su eterna antagonista, la gran lubina invernal, rodeada siempre de la dureza de un mar que se revuelve contra nosotros, áspero y duro. Pescas tan extremadamente distintas, y a la vez tan apasionantes, que determinan la pauta anual de aficionados que saben pasar del verano al invierno, del frío al calor y del lance extremo al tiro preciso, con una facilidad crecida al fruto de años de afición. 

     

    Extraño embrujo este que nos permite sobrellevar las eternas esperas, en la bonanza de las aguas calmas del verano, soñando enfrentar nuevamente cordura y razón ante las gélidas noches del invierno aunque sepamos qué, a cada estremecida del frío viento del norte que amenaza con rasgarnos la piel, volveremos a añorar la calidez del estío.  

     

    Curiosa ligazón que permite, cerrar así, el extraño circulo que, está Pasión, levanta en nosotros.   

     

    Primer Plano Robalo. Dicentrachus Labrax
    Potencia, elegancia, fuerza y resistencia. El gran cazador,…se vuelve milagro de escama.
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  • Pero, tanto para una cara como para la otra de esta moneda lanzada al aire que es la pesca, no podemos olvidar que una buena parte de nuestros éxitos y fracasos siempre recaerá en el precario conocimiento que manejamos sobre nuestras presas y sus hábitos. Conozcamos juntos parte de la intensa vida del predador por excelencia de nuestras aguas.

    De tú a tú. Conociendo a la especie.

    Bajo el nombre de Dicentrachus Labrax se esconde uno de las joyas mejor diseñadas de nuestras aguas. Un animal de líneas extremadamente proporcionadas, de potencia increíble, y poseedor de una belleza armoniosa y elegante, incluso, cuando hablamos de animales que pueden superar el metro de longitud.

     

    Su librea, optimizada para pasar desapercibida, gira desde el azul verdoso o el gris plomizo de tonos metálicos de su lomo hasta el blanco níveo de su vientre. Su característica silueta ahusada – capaz de proporcionar la máxima aceleración desde velocidad de crucero y la rapidez necesaria para el giro y el quiebro imprevisto en acción de caza tan propio de los grandes predadores-, se remata en una cabeza prominente, fuertemente acorazada por unos opérculos blindados donde se aloja una gran boca armada de dientes en el vómer del paladar que evitan que la presa, una vez capturada, disfrute de la mínima opción de huir de su férrea llave.

     

    Sensible a minúsculas variaciones de presión y movimiento, gracias al órgano sensorial alojado en las líneas laterales, y dotadas de un sentido de la vista, olfato y oído poco comunes en el medio marino, nuestras lobas del mar son, por definición, máquinas perfectamente diseñadas para cazar entre el alboroto de la espuma a lomos de las paredes de agua de las grandes olas. Un lugar donde, pasar de comer...a ser comido, se decide sólo en décimas de segundo.

     

    Su crecimiento, como es común a todas las especies que ocupan el máximo nivel de la pirámide predatoria, es relativamente lento a partir de la madurez. Se calcula que su promedio de vida oscila entre los 15 y los 20 años, llegando a superar los 12 kilos de peso en los estadios máximos. Pero, si os comento que su madurez sexual se alcanza como media alrededor de los 4 años, y que, en ese momento, su longitud habitual es de 32 a 40 centímetros, tal vez logre que os preguntéis alguna vez ¿cuántos futuros reproductores terminan en el cubo de algunos aficionados sin completar, tan siquiera, un sólo ciclo de reproducción?. 

    Nuestro colectivo qué, a fin de cuentas, es el más interesado en que esto no ocurra tiene que concienciarse plenamente, y de una vez por todas, que el abuso de capturas - muy especialmente en sus tallas mínimas - troncha de cuajo la posibilidad de regeneración de cualquier especie. El mero hecho de liberar pequeños ejemplares, no ya los establecidos legalmente, sino, incluso, aquellos que moralmente no den la talla es nuestra única tabla de salvación para años venideros. ¿De verdad es tan necesario tener que capturar siempre “algo” para no volver de vacío?, ¿ aún a costa de lo que sea?.

    http://www.surfcastingcadiz.com/articulos_robalos_reyes_invierno.html

    No es tan complicado liberar un joven ejemplar de lubina aunque, todavía, hay a quien le suene a sacrilegio. Sólo, cuando se logra el respeto hacia la presa, -por encima de inútiles justificaciones- se comprueba que, la satisfacción de dar una nueva oportunidad a un pequeño ejemplar, es mil veces más gratificante que unos míseros gramos en la mesa. Pero no es mi objetivo esconder una monserga conservacionista tras estas líneas, … nada más alejado de la realidad.

    Somos, y seremos siempre, … egoístas pescadores. Y es, este extremado egoísmo llevado al máximo, el que nos mueve a querer seguir siéndolo durante muchos años.  

     

    Lograr una conciencia de respeto hacia los más pequeños, por convencimiento y no por imposición, es nuestra obligación y el primer paso para legar este bello deporte a nuestros hijos. Queramos o no, gran parte del futuro de nuestra afición siempre pasa, día a día, en forma de alevín por nuestras manos.

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