• Cádiz en la mochila, a vueltas por el paraíso.

    De Cabo Roche a Trafalgar.

    Con el corazón y la vista imbuidos en el azul profundo de la mar de la mas anciana niña de Occidente. Con la arena, todavía, en las botas de la primera ruta  y con la magnifica compañía de los compañeros que me acompañan en este viaje. Emprendemos la segunda parte de este paraíso que se nos muestra de nuevo pletórico, en un camino de pescadores y para pescadores que nos conduce, irremediablemente,  rumbo al Sur.

    Cuando, en el anterior artículo, os invitaba a dejar momentáneamente vuestras mochilas apoyadas sobre el marco de entrada de esta gran puerta del Sur que es la Provincia de Cádiz y nos citamos para iniciar una nueva ruta no pude evitar que me invadiera, de nuevo, la certeza ante la dificultad que entraña llevaros junto a mi por estos senderos del Paraíso sin pecar de olvido. Máxime ahora que nos encontramos a punto de iniciar, en el pobre criterio de este pescador, el mas bello camino de la costa gaditana.

    No es esta aún la ruta de los afamados “grandes pesqueros” de Cádiz que tantas pasiones levanta entre propios y extraños, tiempo tendremos de verlos en la ultima jornada, pero sin duda este camino que andaremos hoy es el mejor modo que conozco de llegar a ellos discurriendo por los rincones mas hermosos e íntimos de la provincia. Un paseo, el que os propongo, tan nuestro como el mismísimo viento de Levante.

    Playas de Cadiz

    Calzaros botas cómodas, coged de nuevo vuestras mochilas y afinad los sentidos. De Conil a Barbate, la Creación nos hizo un gran regalo.

    Otear juntos, desde las rojas Calas de Levante de Cabo Roche, el sureño camino que nos llevara por la belleza de Conil. Sentir como el rumor de las olas de Cabo Trafalgar nos cuentan al oído viejas batallas de galeones hundidos para terminar, casi de puntillas, imbuidos en la Costa de las Almadrabas de mi querida Bárbate dibuja un complejo mapa nacido de vientos y mareas al que nos acercamos con un único fin, las escamas del atlántico gaditano.

    Pero permitidme, antes de recorrer lo más íntimo de este litoral, recordaros el siempre delicado equilibrio de estos ecosistemas que, como primorosas damas, requieren ser tratadas con todo el mimo que podamos trasmitir. Este nuevo periplo nos conducirá por playas, calas y rincones, en muchos casos casi vírgenes, con todo el encanto de una naturaleza salvaje aun lejana de esa sobreexplotación turística que sufre gran parte del litoral español.

    Playas de Cadiz
    De todo corazón os ruego que, llegado el momento si queréis haceros también caminantes de este ya vuestro paraíso, lo hagáis desde el máximo respeto al entorno. Compromiso que inexcusablemente deberá ser siempre tarjeta de presentación y gala de pescador.

    Cabo Roche a el Palmar. De la piedra a la arena.

    Si nuestra anterior ruta tuvo como destino final las Calas de Poniente, con nombres de tan diáfana sonoridad que aun resuena en el eco de sus rojas paredes, Tío Juan, Áspero, Pato, Encendida, Medina y Frailecillo nos dicen adiós al plegar nuestro camino ante el altivo faro que desde el siglo XVI las enfrenta a sus hermanas de levante. La del Aceite, Melchor, Pitones, Sudario y Fuente del Gallo, aunque con algunas heridas por el ladrillo, se prestan luminosas a darnos la bienvenida.

    Playas de Cadiz

    Nuestro acceso hasta ellas será sencillo utilizando la carretera costera que une la ciudad de Chiclana con el poblado de Roche, nueva y dolorosa herida abierta en tan magnifico entorno, o bien, para los que os acerquéis desde fuera, usando el desvío que nos proporciona la barriada del Colorao desde la antigua nacional 340, hoy día vía de servicio de la A-48.

     

     

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  • Preparémonos ya para el encuentro. Cabo Roche, con sus puestas de sol fundidas en el rojo de sus acantilados y su horizonte imposible de escarpadas paredes y bellísimos pinares, puede enamorarnos a primera vista.

    Playas de Cadiz

    El poniente se pliega al levante.  Aun le quedan a Cabo Roche muchos secretos que contarnos...

    Las Calas de Levante, refugio de vientos.

     

    Al igual que sus hermanas de poniente, las calas que descansan a los pies del poblado de Roche nos proporcionan fondos mixtos y mantienen en su interior extensas lenguas de arena que posibilitan una variada fauna y, a dios gracias, alguna jornadas gloriosas para nuestra líneas.

    De las cinco calas que componen el grupo de levante, la del Aceite y la Fuente del Gallo son las más propicias para la actividad que tantas jornadas nos mantiene pendiente de nuestros punteros y, aunque todas comparten similar estatus en cuanto a especies, su mayor tamaño y especialmente lo abundante de sus zonas de limpio las convierten en apropiados escenarios para el lance. A los esplendidos ejemplares de sargos y bailas, que al compás de chovas metidas en kilos merodean estos rincones, se les unen en la noche inquietos borriquetes y voraces roncadores que se arriman desde las cercanas lajas sumergidas de la Aceitera.

    Aquí, y como en muchas otras de nuestras calas, precisión manda sobre distancia y no es del todo extraordinario clavar ejemplares de merito pese a la cercanía del ladrillo.

     

    Roca y arena, el milagro de los mixtos.

    Chova

    Grandes sargos,  potentes congrios, negros borriquetes, inquietas chovas. La cercanía de los bajos de la Aceitera no se hace esperar.

    Curiosamente, incluso en la zona, la confusión de nombres a la hora de definir las calas que componen este pintoresco rincón es relativamente común así que, como pincelada para aquellos que gustan saber donde pisan, ¿por que no una sencilla descripción a vista de pájaro?.

    Ubicada la primera, a la izquierda del faro y con escasos 280 metros de longitud de arenas finas y aguas transparentes, la del Aceite se caracteriza por quedar conformada dentro un gran semicírculo acantilado que siempre nos asombrara con la surrealista luz de sus atardeceres de invierno, para a continuación y literalmente cosidas, dar encuentro a sus tres pequeñas hermanas de escenario mas abrupto. Melchor, Pitones y Sudario - conocidas con el sobrenombre de Calas de Quinto y Camacho – presentan un extraordinario enclave para la práctica del spinning refugiados cuando, al ocaso de algunas jornadas de verano, el fuerte viento del Este – las levanteras- se empeña en mostrarnos toda su bravuconería. Por último ya, y cortada a tajo sobre rojos acantilados, aparece ante nosotros la fuente del Gallo con más de un kilómetro de fina y rubia arena. Maravilloso rincón que ha pagado el precio de su belleza con la suerte marcada por el cemento de mil chalets.

    La Fontanilla, ser record en Cádiz.

    Dejemos atrás a la bulliciosa Roche para adentrarnos de nuevo ante la claridad de unos espacios que parecen diseñados desde el principio de los tiempos para nosotros que, con tan solo nuestras cañas en mano, seguimos nuestro sureño camino buscando robar alguno de los muchos plateados tesoros que el atlántico encierra.

    Playas de Cadiz

    La Fontanilla mantiene un especial idilio entre playa y roca. Sus doradas, hacen historia.

    Siendo esta una playa relativamente corta, en sus escasos mil metros, la Fontanilla nos presenta tres escenarios claramente diferenciados.

    El más cercano al Roqueo, rico en peces de roca, da paso a la esplendida batiente en la zona central, querencia y cobijo de bailas y sargos, para morir a los pies del Chorrillo, ya casi al límite de la urbana playa de los Bateles.

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