• Cádiz en la mochila, a vueltas por el paraíso.

    De Barbate a los Alemanes.

    Playas de Cadiz.

    Nerviosa ante la gran cita, niña Barbate nos recibe generosa dispuesta a enseñarnos, galante y coqueta, sus mil secretos rincones.

    Mar hecho tierra y jirón de espuma que toca orilla.

    Belleza infinita de sirena, sus arenas marcan la hora de saborear juntos, al eterno compás del tres por cuatro de sus olas, la primera parte de la ruta de los Grandes Pesqueros de Cádiz.

    Barbate, la mar hecha tierra.

    Aguas de un tono azul, tan especial, que revelan una riqueza única donde contemplar ante nuestra atónita mirada como grupos de calderones, delfines y ballenas destellan entre la bruma, en la espera paciente del cimbreo de nuestros punteros, durante mil jornadas de Estrecho.

    Un lugar donde la certeza milenaria del paso entre los meses de abril y agosto de los grandes gigantes del Ártico, los atunes “de ida” que, en su temporada de derecho, surcan con sus más de setecientos kilos estas aguas se hace realidad casi a tiro de piedra. La calidad de sus gentes, donde cada arruga en el rostro de “los de la mar” son olas de este océano antiguo; la belleza de sus mujeres, a caballo entre lo europeo y lo árabe y, ese aire tan especial que nos marea en la alegría perenne de sus calles y de sus noches tan limpias que no cabe una estrella más en su firmamento hacen, de este trozo de Cádiz, un rincón único. Un mágico imán que nos hará volver, una y otra vez, a contemplar como el sol se pone en el lugar donde nadie es de fuera.

    Playas de Cadiz
    Acunada por la historia, Barbate nos recibe. Mil sorpresas, en un camino único y singular andado por pescadores, esperan.

    Carguemos de nuevo nuestra fiel mochila al hombro para, a los pies del Tómbolo de Trafalgar, retomar el singular camino que nos llevará desde el Parque Natural de La Breña hasta la mítica Zahara de los Atunes en una ruta que dejará en nosotros…mucho más que arena en nuestras botas.

    De Marisucia a La Breña, despidiendo la roca.

    Si en nuestra última cita dejamos apoyadas nuestras mochilas a los pies del Faro de Trafalgar hoy, ante la Cala del Varadero, o como gusta la llamen sus amigos, Marisucia nos abre camino en nuestra ruta hacia los grandes arenales del Sur cruzando uno de los Parques Naturales presentes en la Provincia de Cádiz, los Acantilados de la Breña y Marismas de Barbate.

    Playas de Cadiz

    Su orientación le permite ser un espléndido refugio durante los temporales de Poniente y su característico fondo, en su mayor parte rocoso alternado con lenguas de arena, junto al hecho de que sus rocas emerjan cosiéndose literalmente a las que asientan el Faro la han convertido en puesto privilegiado para los amantes de la pesca a boya o corcheo.

    Playas de Cadiz

    Lugar obligado de aficionados al tiento que especialmente en los meses tardíos de la primavera, cuando el sargo ya ha frezado y se recupera goloso de los rigores de la ova, y con el cuidado que da la experiencia de aquel que no deja nada al azar cuando se trata de jugar con las mareas, hacen que algunos rincones de esta zona se conviertan en una verdadera fiesta para los amigos de esta modalidad. Gusanas, camarones y quisquillas se unen a la habilidad de los pescadores de la caña del país y a los destellos en la noche de los starlites de sus biyuelas para dejar, en seco, pescatas de sargos y otros espáridos dignas de envidia.

     

     

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  • Pero, si lo que buscamos son esos rincones donde el spinning y la pesca de lanzado se alternan en la esperanza del brillo de una buena pieza, bastará con girarnos hacia el sureste. La roca se impone y los Caños, con su tranquila Playa del Pirata, rematada en las transparentes aguas de la laja, las calitas de los Castillejos, con sus manantiales de agua dulce brotando de la imponente mole del Tajo, la nudista de los Chorros -escondida a los pies del mismo acantilado- y la recóndita Cala Verde, último paso a pie desde costa, nos permitirán alternar estas modalidades en la singularidad de una zona en la que, afluentes de agua dulce manan de la roca para encontrarse con el frío Atlántico bajo una roja pared que supera los cien metros de altura.

    Sargo

    Sargos blancos, de carnes prietas por las fuerzas de las mareas luchan con sus primos, los picudos, en un mundo de voraces besugos y rojas brecas que, junto a serios rascacios y coloridos budiones, se esconden al filo de sus rocas, siempre ansiosos ante nuestros cebos. Mientras, verdaderos artistas del spinning, dan vida en el equilibrio de sus piedras a rapalas y muestras que cobran inquieta vida ante del ataque de robalos y bailas que sólo el Estrecho es capaz de proporcionar.

    ¿Su mejor época?. Sin duda otoño e invierno cuando este trozo del paraíso es sólo nuestro pero, si vamos a desarrollar nuestra escapada durante el verano, huyamos de la luz del día. El espíritu hippie de los 60 sigue imperando en toda su costa y sus arenas se llenan de nudistas de todos los rincones del mundo. Buen momento este para contemplar la belleza y la magia de este rincón, pasear a la sombra de los pinares de la Breña, tocar las playas a la derecha del Faro – su profundidad se encargará de alejar al más atrevido bañista y no suele haber nunca mayor problema para pescarlas, incluso durante el día, en pleno agosto- o disfrutando, ¿por qué no?, de buena compañía en sus chiringuitos. La noche siempre llega y es nuestra.

     

    La Yerbabuena y el Carmen. Las dos caras de Barbate.

    Playa de la Yerbabuena.

    Decir que una playa es salvaje y situarla a los pies de una población puede sonar a locura. Pero, los que la conocen, saben de sobra que no hay exageración en esta frase.

    La Yerbabuena es un reducto virgen situada al sur de los acantilados de Barbate que se prolonga hasta el mismo malecón que protege al puerto de la marinera ciudad. Su kilómetro de arena fina, resguardada a su espalda por un amplio cordón de dunas y vegetación que la separa de la carretera de los Caños y, al norte con su nacimiento a los pies del mismo Tajo de la Breña, la convierten en un singular exponente de lo mejor de los fondos mixtos.

    Si de Surfcasting se trata, y atendiendo a las características de su fondo, podemos dividir su playa en tres zonas claramente diferenciadas. La primera, próxima al muelle, donde la máxima distancia hasta alcanzar la cercana laja sitúa el lance  por debajo de los cien metros, la intermedia - que nos permite rozar hasta los ciento setenta sin demasiados problemas de rotos o enganches - y una tercera donde vuelve a reducirse drásticamente la distancia hasta tocar la misma piedra de la Breña.

    Pero, no nos asustemos, en su dificultad esta su riqueza. Como habréis supuesto en el interior de sus aguas, y a modo de gran media luna, existe un riquísimo y extenso cordón rocoso formado por una barrera de grandes lajas que, a su vez, es la gran riqueza de este rincón.

    lenguado

    Del tesoro íctico de este reducto de paz sólo puedo deciros una cosa que lo resume todo,…trece especies diferentes en una noche, marcan mucho. Doradas, lubínas, bailas, sargos, borriquetes, salmonetes, congrios, besugos, lenguados, rayas, morenas, chovas y roncadores rondan sus aguas. La catalana, el muergo – con o sin cáscaras - , la cola de sardina fresca, el americano y el choco de trasmallo, una marea entre 60º y 75º y la suerte a nuestro lado, dejarán un grato recuerdo de un rincón único.

    Si la frescura salvaje de la Yerbabuena aún nos acompaña, la realidad de la ciudad se extiende de nuevo ante nuestro camino. A los pies del puerto y, a lo largo del núcleo urbano hasta la desembocadura del río Barbate y sus marismas, el Carmen nos recibe. 

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