• Leer la playa, ... asignatura pendiente.

    Playas de Cadiz.

    Sabemos bien que pasaron los años en que nuestras costas eran grandes vergeles donde cabía el lanzar nuestros cebos con la certeza de alcanzar la captura cualquiera que fuese el lugar escogido.

    Hoy, la correcta elección del puesto de pesca, es uno de los factores primordiales que marcara en gran medida el éxito o el fracaso de la tan ansiada jornada de pesca.

    Lograr una correcta lectura de la costa y sus variables para nuestros fines requiere sin duda dedicación por nuestra parte. Pero, no olvidemos que será esta constancia ya convertida en vivencia propia, nuestra más fiel herramienta a la hora de determinar la localización exacta del puesto de pesca más apropiado para asegurar, con el mayor grado de acierto posible, el lugar donde situar nuestras cañas.

    Playa de Cádiz.
    Siempre nos ha sorprendido comprobar como algunos veteranos pescadores perdían parte de su tiempo en mirar con la vista perdida en el infinito del mar algunos momentos previos a la jornada, hoy conoceremos juntos el porque.

    Interpretar correctamente nuestros pesqueros, percibir su relación con el medio que lo rodea o llegar a conjugar como el singular baile de mareas, vientos y corrientes a los que se ven expuestos determinan, puntualmente, lugares más productivos para nuestra afición es labor puede antojársenos complicada. Aun así, si estáis dispuestos a que perdamos unos momentos juntos, podremos conocer algunos de los elementos que juegan a nuestro favor.

    Desde el mismo momento en que dejemos que la brisa de la mar y la arena que pisamos nos revelen sus secretos no hemos de tener duda de que estaremos en el camino correcto de la tan ansiada maestría dentro del noble arte de la pesca.

    La evidencia demuestra que será el pescador que sepa leer con eficacia estas indicaciones que la mar nos regala quien  disfrutara a su favor de un gran aliado que mostrara ante sus ojos aquello que otros siquiera intuyen, convirtiéndolo en un elemento integrado en comunión con el entorno capaz de evidenciar el donde, llegar al como y conocer claramente el porque de la elección del puesto de pesca mas apropiado con mayor eficacia y porcentaje de éxito donde otros no contemplan mas que un monótono arenal bañado por el mar.
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  • Podría haber usado, para esta ruta que vamos a iniciar, lugares y momentos dispares que me hubiesen facilitado en mucho la labor pero, en justicia, creo nos merecemos la máxima veracidad.

    A tal fin he utilizado una amplia playa, de la muchas bañadas por nuestras aguas atlánticas, que, batidas de continuo por fuertes corrientes y vientos, pueden cambiar literalmente una zona extensa tan solo en el intervalo de un flujo o reflujo de marea y en donde el determinar un puesto apropiado a priori pueda llegar a descorazonar a muchos de nosotros.

    Visto esto, y si estáis dispuestos a daros un paseo por la playa dejando que nos moje la brisa, comencemos a leer juntos algunos de esos pequeños indicios que, a nuestro paso, mar y tierra nos brindan para que estas, una vez interpretadas, nos ayuden a conocer que tenemos frente a nosotros bajo las aguas y así llegar a conocer y amar aun mas a nuestro entorno y el habitad donde se desarrolla la cotidianidad de nuestras preciadas especies. 

    La profundidad.

    El hecho de localizar una zona profunda al alcance de nuestras cañas es sin duda una de nuestras mejores bazas Estas depresiones sumergidas permiten el transito continuo de especies predadoras que buscan activamente los peces de menor tamaño que se encuentran concentrados en estas zonas alimentándose de la fauna y flora que quedan recogidas en las hoyas mas profundas. Lógicamente, y aunque expuestas al inexorable transito de mareas, su natural profundidad proporciona un ultimo refugio a las especies menos amigas de correrías y que gustan de hurgar cómodamente en sus fondos y limos.

    Este hecho, sumado a la mayor profundidad relativa durante la pleamar, genera un esplendido punto de encuentro de las especies predadoras de mayor porte que, atraídas por estas concentraciones de peces menores, acuden a su llamada.

    Borriquete. Plecthorhinchus mediterraneus
    Sargos, verrugatos, peces planos y herreras serán moradores continuos de estos rincones. Reclamo difícil de obviar por nuestras codiciados robálos y bailas que acudirán cuando la espuma de las olas batan estas zonas profundas coincidiendo con la pleamar.

    Una de las maneras más prácticas y sencillas a la hora de localizar estas zonas la encontramos en la lectura del intervalo con que rompen las olas en la costa. En  la zona atlántica, el oleaje de origen oceánico, se traduce habitualmente en la generación de grupos compuestos por tres olas sucesivas y claramente diferenciadas entre si conocidas popularmente por el sobrenombre de "las tres marías".

    Esta cadencia en las olas que alcanzan nuestro litoral se verá ralentizado en proporción a la profundidad de la zona costera donde arriban, pudiendo así leerse de una en una con mayor intervalo entre ellas en aquellos sectores de costa donde este alcanza mayor profundidad. 

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